El nómada
El nómada Tic tac, tic tac. Qué molesto se tornaba ese sonido cuando estaba en su contra. Cuando sabía que era la hora, ni las risas de los niños, ni la luz del sol, ni el aroma de los lirios de la ventana...nada de eso lo podía hacer enfocarse en el presente de una forma serena. Una vez más era hora de escapar. Sus persecutores habían vuelto a hallar su rastro. Todos le habían advertido con tiempo: "cierra el pico", "No digas nada", "No te quejes tanto"... todos se lo decían. Pero que levantase la mano el que estuviese verdaderamente tranquilo con la situación. Seguro que alguna rata mentirosa, de esas que el régimen pagaba para tener una linda imagen, la alzase. Desgraciadamente, en aquel pueblo miserable, la mentira era la única verdad válida. No para él. Había sido demasiado fiel a la educación de su madre; y, por ello estaba en peligro de correr el mismo destino que ella: una morada en el cementerio. Ahora le surgía un nuev...