Confesiones póstumas
Confesiones póstumas Ahí estoy: gris, sereno. Intento mover un brazo pero no puedo. Me estoy viendo a mí mismo, pero esto no es un espejo ¿Qué está pasando aquí? -Estás muerto- me dijo una voz dulce pero fría a mis espaldas. Giré; era un ángel, aguardando por mi para llevarme a otro lugar. - No puede ser...¿Cómo ha pasado? ¡Soy joven! ¡Estaba a mitad de la vida! ¡Si sólo tenía un resfriado! -El tiempo que dure tu reloj de arena no es de tu conocimiento. Nunca conoces tu final, sólo tu trayecto: eso lo creas tú. - Por favor, dame otra oportunidad. Hay demasiadas cosas que tengo que hacer... -No será posible... -¡Nada es imposible! -Vaya, tenías que morir para darte cuenta. -Por favor, ten piedad- dije, con lágrimas en los ojos. Tras un minuto de silencio, el ángel me contestó. -No puedo devolverte la vida. Pero podemos partir más tarde. No podrás despedirte, pero hay cosas que deberías escuchar. Me quedé extrañado y consternado, pero mejor eso que nada. Enco...