En búsqueda del tesoro
En búsqueda del tesoro Aparcó el auto a un costado de la carretera. No sería sencillo encontrarlo en medio de aquella oscuridad. Hacía horas ya que la noche había cernido su velo de sombras sobre aquella parte del planeta. Pero con las luces de la ciudad, vibrantes y radiantes, es difícil percibirlo verdaderamente. Allí, a un costado del bosque y la montaña, donde la mano del hombre no había osado posarse, la naturaleza podía presentarse tal cual: en tinieblas. Sus piernas, temblorosas como gelatina, se adentraron en el paisaje. Era tan extraño; hacía mucho tiempo que no presenciaba la verdadera calma. Sin el zumbar de motores, sin voces, sin anuncios, sin elevadores... nada. Era un silencio tan denso, que el mínimo trinar de un pájaro o el desliz de una hoja, la aterraba hasta la médula. Estaba completamente sola. Aquel lugar era poco frecuentado. Los amantes de las acampadas y el deporte sí que solían disfrutar de esos ambientes. Mas solían emplear rutas...